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La Revolución y la Quinta Columna

Publicado por: Néstor Zambrano   
24 Junio,
2005
Parece ser un hecho habitual que, en toda Revolución, no todos los que dicen acompañarla lo hacen impulsados por auténticos sentimientos de solidaridad social. Definitivamente existen aquellos que se acercan, a cualquier proyecto social, identificados más bien con sus propios intereses particulares. Nadie, en su sano juicio, puede dudar que estas personas constituyen un auténtico peligro pues, en muchas ocasiones, están dotadas de las herramientas intelectuales necesarias para destacarse dentro de las organizaciones o instituciones en las cuales hacen vida pública. El resultado es que, en lugar de concentrar su esfuerzo y talento en pro de la profundización del proceso revolucionario, en los niveles en los cuales se desenvuelven, lo hacen con el objetivo de asegurar el poder que les garantice alcanzar sus metas personales, muchas veces de carácter estrictamente económico.

Ahora bien, muchas personas olvidan, que una de las razones por las cuales estos infiltrados son tan peligrosos, es porque resulta bien difícil detectarlos. Es por esto que asombra ver como algunas personas u organizaciones denuncian, con una facilidad que pasma, la presencia de quintacolumnistas, con argumentos que no siempre son válidos.

Lo primero que es importante recordar es que, el hecho de tener una visión política diferente, no necesariamente convierte a alguien en contrarrevolucionario. Muchas revoluciones fracasaron en el intento cuando confundieron al auténtico enemigo, con aquellos a quienes tenían a un lado. En Venezuela por ejemplo, no debemos olvidar que, el verdadero enemigo, es el imperio y sus lacayos.

Otro argumento que se utiliza con mucha frecuencia, es el pasado de algunos que hoy participan en la Revolución Bolivariana. Obviamente, un revolucionario auténtico, nunca pudo estar involucrado con ciertas actividades, como por ejemplo, la represión del pueblo o la persecución de sus líderes. Pero creer, que ningún simpatizante de las viejas organizaciones partidistas del pasado puede hoy, ser un auténtico bolivariano, es rayar en una exageración.

Así mismo nos conseguimos con quienes piensan que todo auténtico revolucionario debe priorizar sus actividades, de acuerdo con una determinada visión particular. Por ejemplo, aquellos que denuncian a un funcionario porque no los atendió inmediatamente.

A muchos dirigentes y funcionarios habría que denunciarlos mas bien por incapaces o por flojos. Utilizar siempre, el argumento del contrarrevolucionario infiltrado, termina por desacreditar el argumento. Y esto, si sería de verdad peligroso.