El Metro de Caracas y la publicidad de productos de consumo masivo

Publicado por: Néstor Zambrano   
15 Diciembre,
2008

Desde hace algunas semanas, por motivos de trabajo, he vuelto a Caracas, lo cual me ha permitido disfrutar nuevamente de la capital, incluyendo una mejor oferta cultural y, por supuesto, sufrir el tráfico infernal. Afortunadamente el metro caraqueño sale en auxilio de todos quienes no nos caracterizamos por nuestra habilidad para madrugar. Se trata, sin discusión alguna, de la mejor opción de transporte público. A pesar de la congestión de las horas pico, es rápido, seguro y muy, pero muy, económico. Sin embargo, para todos quienes hemos sido usuarios de este sistema de transporte desde sus inicios, hay un cambio que salta a la vista. Me refiero a la enorme cantidad de publicidad que ahora ocupa desde el techo de los metrobuses hasta trenes completos cubiertos exteriormente, sin olvidar las columnas internas de las instalaciones. No es necesario ser un experto para comprender que, obviamente, todo este despliegue publicitario va en detrimento del diseño original del sistema.

La verdad no he visto ni escuchado ningún comentario de las autoridades correspondientes sobre el exagerado uso comercial de los espacios públicos de este ícono de la capital. Me imagino que cualquier explicación seguramente empezaría por aclarar los enormes costos de la operación que, un sistema de transporte de este tipo, debe representar. A esto seguro se agregaría el argumento del bajo costo del boleto (Bs.F 0,50). De aquí se concluiría con facilidad que, si se quiere mantener un sistema tan eficiente funcionando y, además, no se quiere incrementar el costo del boleto, es necesario recurrir a la tabla de salvación que ofrecen las grandes transnacionales del consumo masivo.

Empecemos por aclarar que, ante los altos costos de operación del Metro de Caracas, coincidimos plenamente en la necesidad de buscar alternativas distintas a un aumento del pasaje. Tratándose de una empresa del estado venezolano, la función social de metro tiene que ser la prioridad número uno. El problema radica en que no cualquier solución es aceptable. Por ejemplo, seguramente la inmensa mayoría de las personas coincidan en considerar inaceptable que, entre los productos publicitados, se incluyan bebidas alcohólicas, o derivados del tabaco, o pornografía. Todos perciben con facilidad que, aunque con esos clientes se podría incrementar significativamente los ingresos, resultaría inaceptable siquiera considerarlo. El punto a discutir aquí es si la incitación al consumismo no es perversa en si misma. El consumismo es, seguramente, la expresión más clara de la alienación del ser humano en una sociedad capitalista. Es decir, el problema no es si una publicidad incita al consumo de bebidas alcohólicas, sino el hecho mismo de incitar al consumo de bienes, muchos de ellos innecesarios, suntuosos o dañinos. La cabeza más visible de la cruzada contra el consumismo en Venezuela es el propio presidente Hugo Chávez. Es quizás esto lo que lo hace más paradójico: mientras la cabeza del estado hace cada día un enorme esfuerzo en la lucha por denunciar el consumismo, una de las empresas del estado trata de resolver su problema presupuestario mediante la venta (¿inescrupulosa?) de espacios publicitarios a grandes transnacionales de productos de consumo masivo.

Obviamente, no se trata de situaciones fáciles de abordar. Resulta sencillo expresar estas ideas y, por el contrario, debe ser bien difícil mantener en funcionamiento el Metro de Caracas. Sin embargo, esto también podría ser una oportunidad para discutir colectivamente (¿en socialismo?) las posibles alternativas. Por ejemplo, sería interesante consultar a los usuarios si están dispuestos a pagar Bs.F 0,01 (10 bolívares de los viejitos) adicionales. De acuerdo con la empresa, más de millón y medios de personas utilizan diariamente el sistema (http://www.metrodecaracas.com.ve/institucion/mcifras3pp.html). Así que cada día se puede generar un ingreso adicional de Bs.F 15.000. De acuerdo con lo que cotizan algunas empresas publicitarias, “pintar” uno de los trenes cuesta Bs.F 42.000. Supongamos que la empresa de publicidad no gana nada y todo le queda al Metro de Caracas (:-p). En este caso, con el pequeño aumento se podrían  salvar de la pintada publicitaria unos 10 trenes.

¿Por qué no se consulta a los usuarios si están dispuestos a pagar Bs.F 0,51 en lugar de Bs.F 0,50 para evitar alterar el aspecto de este ícono de la ciudad? Seguramente, si se hace una consulta amplia, podrías aparecer muchas otras ideas. No me atrevo a afirmar si las soluciones que aparecerían serían o no pocas o numerosas o de fácil o difícil implementación, pero algo si es seguro: no es con los métodos del capitalismo como vamos a construir el socialismo.

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Esta entrada fue publicada el Lunes, 15 Diciembre, 2008 a las 5:24 pm y está archivada en política. También puede seguir cualquier comentario a esta entrada en RSS 2.0. Usted puede dejar un comentario, o seguirlo (trackback) desde su propio sitio.

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