Recordando a Roque Dalton…

Publicado por: Néstor Zambrano   
Julio 3,
2008
Para darle un poquito de alegría a todos mis amigos y camaradas, aquí les dejo una muestra de la extraordinaria poesía de este compatriota salvadoreño.

“La alegría es también revolucionaria, camaradas, como el trabajo y la paz”
                                                                                                                  – Roque Dalton

Sobre dolores de cabeza

Es bello ser comunista,
aunque cause muchos dolores de cabeza.

Y es que el dolor de cabeza de los comunistas
se supone histórico, es decir
que no cede ante las tabletas analgésicas
sino solo ante la realización del Paraíso en la tierra.
Así es la cosa.

Bajo el capitalismo nos duele la cabeza
y nos arrancan la cabeza.
En la lucha por la Revolución la cabeza es una
bomba de retardo.

En la construcción socialista
planificamos el dolor de cabeza
lo cual no lo hace escasear, sino todo lo contrario.

El comunismo será, entre otras cosas,
una aspirina del tamaño del sol.

Buscándome líos

La noche de mi primera reunión de célula llovía
mi manera de chorrear fue muy aplaudida por
      cuatro
o cinco personajes del dominio de Goya
todo el mundo ahí parecía aburrido
tal vez de la persecución y hasta de la tortura
      diariamente soñada.

Fundadores de confederaciones y de huelgas
mostraban
cierta ronquera y me dijeron que debía
escoger un seudónimo
que me iba a tocar pagar cinco pesos al mes
que quedábamos en que todos los miércoles
y que como iban mis estudios
Y que hoy por hoy íbamos a leer un folleto de Lenin
y que no era necesario decir a cada momento
      camarada.

Cuando salimos no llovía más
mi madre me riñó por llegar tarde a casa.

Sobre el teatro panfletario…

Publicado por: Néstor Zambrano   
Mayo 18,
2008
Hoy en la tarde tuve la oportunidad, previa invitación de mi hijo, de ver en el Ateneo de Maracay, la obra “Yo soy Carlos Marx” de Gennys Pérez con la actuación de Gustavo Rodríguez y Nattalie Cortez. Apenas nos sentamos se avivaron todos nuestros prejuicios porque de entrada, en el “volante publicitario” se pueden leer los comentarios elogiosos que sobre la obra hacen Américo Martín y Tulio Hernández. Además la lista de agradecimientos la encabeza Teodoro Petkoff. No siendo yo, un asiduo asistente a obras de teatro, mis comentarios nada tienen que ver con las actuaciones (que me parecieron buenas) ni con el montaje, sino con los elementos políticos necesariamente presentes en una obra con ese título. Digo esto para que se entienda que mi punto de vista es bien parcial.

Hecha esta aclaratoria, paso a comentar que el primer elemento que llamó mi atención es que se presenta a un “Marx del siglo XXI” que toma conciencia de un supuesto doble fracaso: primero, en lo personal por morir en la pobreza y segundo, por “el obvio fracaso de las experiencias socialistas” en la historia contemporánea. Se trata de un hombre bonachón y muy ingenuo que escribía obras que nadie leía y que solo fue seguido por una pandilla de sinvergüenzas (entre ellos los chavistas, por supuesto) que se enriquecieron y llenaron de privilegios en nombre de la clase obrera. Además (esposa de Marx dixit) el mundo que progresó está en Europa Occidental y Estados Unidos y nosotros, con nuestras fantasías, nos quedamos atrás, en un oscuro rincón pobre y miserable. La parte más sorprendente de la obra (y obviamente la menos creíble) es cuando Marx, el ingenuo padre de la criatura, acepta la explicación y se deprime. No hace ni el menor atisbo por explicarle a su querida esposita en la obra, que el progreso de esa parte del mundo solo es posible porque expolió nuestras riquezas. Que nuestra pobreza no es el resultado del socialismo sino del más despiadado capitalismo. En fin, aquel viejo discurso sobre un Marx que tuvo sus méritos, que era muy bueno, pero cuyas ideas quedaron en el pasado, dirigido a algún que otro Bolivariano extraviado y reforzado con la denuncia de los “liderazgos corruptos”.

El segundo elemento que llamó mi atención son los de carácter abiertamente panfletarios (no es que el anterior no lo sea, pero al menos hay quien lo discute). A lo largo de la obra se incluyen eslogan o elementos propagandísticos. Algunos ingeniosos. Por ejemplo, dos carteles al fondo (uno de “Habanos Revolución” y otro de “Ron Revolución”) muy iluminados que el pobre Marx trata de sabotear varias veces hasta que el amor de su vida le explica que es gracias a esa “publicidad” que cuentan con luz. De lo contrario estarían en la oscuridad. Otros son francamente burdos, como el cierre de la obra, que finaliza con la voz de un locutor anunciando el éxito gubernamental en la lucha contra la indigencia haciendo “evidente la contradicción” entre la “cruda realidad mostrada en la obra” y el discurso oficial que, por supuesto, es mentiroso.

Varios de los momentos más “dramáticos” de la obra ocurren cuando los protagonistas tratan de huir de la represión policial, de la cual son víctimas, al más viejo estilo de la cuarta república (No se ven los policías pero se oyen las sirenas y los protagonistas se colocan poco menos que al borde de un infarto al oírlos pasar). Cuando la “obra” llega a su final, los protagonistas, ya “heridos en su dignidad” deciden enfrentar a la policía lanzándole cuanto libro tienen a mano, lo cual desencadena el horror (parece que muere un perro) y terminan entonces en la cama, haciendo el amor, como lo único rescatable (el amor entre hombre y mujer, no se confunda con el amor al prójimo) en un mundo donde nadie es capaz de comprender las buenas intenciones del Marx de Gennys Pérez. Seguramente algún sesudo intelectual de la oposición podría decir que las persecuciones son simbólicas y hacen referencia a las que en vida sufrió Marx, pero no creo que sea la interpretación del público.

Por supuesto, al finalizar la obra, ha sido creado el clima adecuado para que un público “sensibilizado” ante el drama de la indigencia y de la tragedia que representa haber entregado toda una vida por cambiar al mundo sin éxito, se pone de pie y aplaude a rabiar.

La verdad creo que desde la Revolución hacemos más y mejor teatro. Es más, creo que ellos mismos hacen mejor teatro, pero como ya dije, mi visión es parcial y no soy ningún experto, solo soy alguien del público un poco indignado por haber tenido que pagar por presenciar dos horas de propaganda reaccionaria.

La Burocracia Bolivariana

Publicado por: Néstor Zambrano   
Febrero 7,
2008
Yo, como seguramente muchos de los que lean estas líneas, he tenido oportunidad de mantener estrecho contacto con un buen número de representantes de la nueva burocracia del estado venezolano. Yo mismo he ocupado algunos cargos, de forma que escribo sin ánimos de generalizar ni mucho menos.

Y la verdad es, que ocupar un cargo de dirección en cualquier organismo del estado, permite mejorar el estatus de vida de quien lo ocupa. Los niveles salariales son altos para quienes, en su mayoría, eran excluidos de esas posibilidades en la IV república tanto en el estado, por obvias razones, como en la empresa privada, por el hecho de dedicarse a la actividad política.

Casi todos comprenden, como resultado de su formación política e ideológica, la temporalidad de estas posiciones. Y me atrevería a asegurar que muchos de quienes hoy ocupan cargos hasta de viceministros mantienen unas posturas tan humildes en lo político y lo personal, que me causan enorme envidia.

Sin embargo, no todos tienen la misma entereza. La ausencia de un partido fuerte y organizado, más allá del marco electoral, permite (o más bien obliga), a quienes tienen la responsabilidad de nombrar cuadros en cargos de dirección, a seleccionar dentro del estrecho marco de sus contactos o relaciones personales. Esto no es tan notable en los organismos más politizados, como los ministerios por ejemplo, pero si en otros entes, sobre todo en aquellos que desempeñan tareas en áreas muy especializadas como instituciones financieras, industrias básicas, etc. La consecuencia inmediata de esta situación es el nacimiento de una burocracia que, entre otras cosas, más que leal al proceso, lo es a quien le nombra. Como en muchos casos no está politizada, se corrompe con facilidad al sucumbir ante los viejos valores capitalistas, tratando de asegurar elevados ingresos en el menor lapso posible. Se trata de una burocracia que quiere a Chávez porque fue el camino para llegar a las posiciones que ocupa, pero que ve con horror su cercanía con la Revolución Cubana y sus posiciones solidarias con otras naciones. Se trata de un sector que fácilmente integraría una quinta columna al ver peligrar sus privilegios.

Muchas personas, con buenas intenciones pero con mucha ingenuidad, piensan que cambiar esta situación solo requiere de decisiones ejecutivas. Y lo que es más ingenuo aún, creen que las alternativas son fácilmente ubicables y están disponibles. La realidad en este sentido es terca. Ubicar cuadros con formación política y técnica, y en los cuales se tenga la confianza requerida, es una tarea complejísima.

Esto solo lo puede cambiar un partido fuerte, capaz no solo de supervisar la actuación de los cuadros de dirección gubernamental, sino de formar y proponer las alternativas necesarias. Por supuesto, no se trata de creer a priori que cualquier cuadro, por ser seleccionado en el seno de una organización va a ser siempre la mejor opción. En las organizaciones de toda índole también hacen vida los intereses particulares. Se trata más bien de aceptar que, generalmente, las decisiones colectivas suelen ser una mejor opción que las individuales. Solo un equilibrio adecuado podrá conducir a una burocracia auténticamente revolucionaria.